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Actualidad

El Administrador de Hecho u Oculto

En esta ocasión hemos creído que resultaría de utilidad para los asociados el tener unas nociones de la figura del denominado «administrador de hecho» en las sociedades mercantiles y de su responsabilidad.

Pero, realmente, ¿qué se entiende por «administrador de hecho»? Básicamente consiste en aquel administrador que dirige de facto la empresa pero que no ha sido nombrado formalmente para ostentar dicho cargo.

El origen de la figura del administrador de hecho lo encontramos de la Resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 24 de junio de 1968, resolviendo un asunto relativo a un aumento de capital social en una sociedad cuya Junta General fue convocada por administradores con cargo caducado.

El referido Centro Directivo vino a solventar el supuesto que se le presentaba atendiendo al principio de la buena fe contractual así como al principio de conservación

de la empresa, del que resulta la necesaria existencia de un órgano permanente —el de administración—, para evitar la paralización

de la sociedad.

El administrador de hecho pueda darse, aun coyunturalmente, en aquellos casos en los que se ocupa formalmente el cargo pero sobrevuela un vicio de nulidad como consecuencia de la existencia de defectos formales, prohibiciones legales o estatutarias

o la inexistencia de la debida publicidad en el Registro Mercantil.

También, ha quedado apuntado con anterioridad, el administrador societario se encuentra en esta tesitura cuando su cargo ha caducado.

Figura

Como ha establecido la jurisprudencia de la Sala 1ª del Tribunal Supremo, administradores de hecho son:

«quienes, sin ostentar formalmente el nombramiento de administrador y demás requisitos exigibles, ejercen la función como si estuviesen legitimados prescindiendo de tales formalidades, pero no a quienes actúan regularmente por mandato de los administradores o como gestores de éstos, pues la característica del administrador de hecho no es la realización material de determinadas funciones, sino la actuación en la condición de administrador con inobservancia de las formalidades mínimas que la Ley o los estatutos exigen para adquirir tal condición. Es decir, cuando la actuación supone el ejercicio efectivo de funciones propias del órgano de administración de forma continuada y sin sujeción a otras directrices que las que derivan de su configuración como órgano de ejecución de los acuerdos adoptados por la junta general».

De lo anterior se deduce que la jurisprudencia establece como requisitos para entender que se está en presencia de un administrador de hecho que el ejercicio sea i) continuado, ii) efectivo, iii) inmediato y iv) directo de las funciones de administrador sin serlo.

Asimismo, en la práctica mercantil se observa la siguiente tipología:

  1. “Administradores ocultos”.
    Esta circunstancia acontece cuando se controla la gestión societaria careciendo de nombramiento formal como administrador y, además, ejerciendo sobre los administradores formales una influencia decisiva, incluso sustituyendo a los mismos, con la consecuencia de no quedar expuestos frente a terceros.
  2. “Administradores aparentes o notorios”
    . Se trata de aquellos casos en los que, a pesar de no ocupar formalmente el cargo, controlan de hecho la gestión social, apareciendo frente a terceros revestidos de apariencia jurídica de administrador formal.

Responsabilidad

En lo tocante a su responsabilidad, en la actualidad, el artículo 246.3 de la Ley de Sociedades de Capital recoge expresamente la extensión de responsabilidad a los administradores de hecho por aquellas actuaciones de las que deba responder al ejercer de facto la administración societaria.

En concreto, dicho precepto dispone:

«La responsabilidad de los administradores se extiende igualmente a los administradores de hecho. A tal fin, tendrá la consideración de administrador de hecho tanto la persona que en la realidad del tráfico desempeñe sin título, con un título nulo o extinguido, o con otro título, las funciones propias de administrador, como, en su caso, aquella bajo cuyas instrucciones actúen los administradores de la sociedad».

A pesar de cuanto se ha expuesto, legalmente no está prohibida la figura del administrador de hecho. La responsabilidad que pueda recaer en los mismos como consecuencia de su actuaciones ilícitas o negligentes está presidida, al igual que en el caso de los administradores de derecho, por la necesaria relación causa-efecto, la acreditación del daño y la existencia de culpa del administrador de hecho.

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